sábado, 12 de noviembre de 2011

Un francés, un japonés, un indio y un español

No, no es el comienzo de un chiste, son las personas que vivimos en la misma casa, aquí en Banjara Hills. Bueno, bien pensado, a lo mejor sí es el comienzo de un chiste.
Mi amigo Paco me preguntó que por qué no hablaba de mi trabajo y de mis compañeros en el blog y aunque me resisto a hablar del curro, supongo que debo presentar a mis compañeros pues van a protagonizar alguna que otra aventura de Hyderabad Blues.


Mi lugar de trabajo: limpio y ordenado


En mi empresa trabajamos quince personas. Curiosamente, en India cada persona tiene un nombre distinto, pero yo me suelo referir a ellos como “el bajito”, “el gordo”, “el guapo”, “el que tiene pluma” y “el del bigote” (también conocido como "24" porque su nombre se pronuncia parecido).
Bueno, me sé el nombre de mi jefe (Sharad), el de su lugarteniente (se llama Tapas, cómo olvidarlo) y el de las chicas: Silipa y Pría (que dejó el curro para casarse y ser una ama de casa como Dios manda y digo Dios, no Visnú ni Shivá, que Pría es católica).

Pría y El que tiene pluma
Tapas y Silipa

24 y Harish

Además, estamos el francés, el japonés, Harish (el indio que vive con nosotros) y yo. Los de ciencias os habréis dado cuenta de que no salen quince personas, pero es que algunos de mis compañeros se amalgaman en una masa informe que no merece ni un apodo.
Todos son muy majos, pero en India la gente no saluda al llegar al curro, no se despide al irse y no hablan mientras trabajan, con lo que es difícil socializar. A eso hay que añadirle que los indios no entienden mi inglés de Vallecas y yo no entiendo su Hinglish.
Por si esto fuera poco, aquí la gente no habla, susurra. Sé que los españoles gritamos mucho, pero los indios hablan para el cuello de su camisa. Las chicas son más simpáticas y agradables, pero hablan aún más bajito. Para oírlas casi me tengo que pegar a ellas. Estoy convencido de que piensan que soy el típico playboy latino, pero no, solo estoy sordo.
Como digo, son todos muy majos, pero se cansan de hablar conmigo, de modo que, fuera de asuntos de trabajo, solo hablo con los otros extranjeros.
Cuando llegué a la oficina ya noté que el japonés me estaba esperando como agua de mayo, porque al pobre no le hacía caso nadie. Desde el primer día hemos hecho buenas migas y aunque la idiosincrasia japonesa (el wabi-sabi) es muy peculiar, nos llevamos muy bien.
Su nombre es Hitoshi, que significa literalmente “Un samurái” y que quiere decir “Debes ser valiente”. A mí me parece un nombre súper chulo, pero Hitoshi lo odia, claro que esa es otra historia y no es para este blog.
Tiene treinta y seis años, es de un pueblito del Sur de Japón y le gusta cantar en los karaokes, comer, beber sake (o cerveza en su defecto, o lo que sea en su defecto) y charlar de lo humano y lo divino. Su sueño es tener una novia de la Europa del Este.
Pero Hitoshi no es el primer habitante de esta casa, el primero en llegar fue el indio, Harish. Se trata de un experto en animación 3D que viene de la otra punta de India y que, por lo tanto, vive también con nosotros. Es un veinteañero alegre y majo, si bien todo lo que dije antes sobre mis compañeros indios se aplica también a él. Como os podéis imaginar entonces, a pesar de ser nuestro compañero de piso, nuestra relación no es muy estrecha.
Y el último en llegar fue Antoine Dublier, el francés, claro. Un profesor bretón de historia en excedencia, que cuando puede se dedica a recorrer el mundo dando clases. Ha estado en un montón de países de África, Asia y América del Sur, así que esto no es una sorpresa para él.
Tiene 46 años, aunque no los aparenta. Es vegetariano, ecologista, de izquierdas y algo hippie (ya sabéis que la India atrae a este tipo de gente como la mier… digo, como la miel atrae a las moscas). No es que sea un mal tipo, pero… bueno… Está bien teniendo en cuenta que es francés.
Se supone que debería acompañar estas presentaciones con las fotos de los aludidos, que para eso estamos en el siglo XXI. Pues bueno, aquí las tenéis, no tengo otras.


Vale, vale, tiene su explicación. Estas fotos fueron tomadas el pasado 26 de octubre que era Diwali. Aquí, Diwali es una de las fiestas más importantes del año, es un poco como la Navidad, pero en honor a Lakshmí. Las calles se llenan de flores y de luces, las pastelerías no dan abasto vendiendo los dulces típicos y los centros comerciales se abarrotan debido a la gente que quiere comprar sus regalos. Es la entrada del año nuevo hindú y es costumbre estrenar ropa y tirar petardos y cohetes.


Por eso estamos aquí estrenando los kurtas que nos regaló nuestro jefe (junto con una caja de petardos) por Diwali. Justo después de esta foto, nos subimos a la terraza a contemplar como estallaba la ciudad en un sinfín de fuegos artificiales. Hitoshi, Harish y Antoine quemaban bengalas y otras tonterías por el estilo, mientras yo rezaba a Santa Bárbara en vez de a Lakshmí.




Esto son un francés, un japonés, un indio y un español tirando petardos en una azotea a las doce de la noche y el único que no viste como un mamarracho es el indio. Pues sí, al final si era el comienzo de un chiste.




sábado, 5 de noviembre de 2011

De cine

Muchos se quedaron con ganas de saber si fui o no al cine finalmente. Ha llegado el momento de desvelar ese misterio.
Los cines de Hyderabad se dividen en horribles y excelentes. Como casi todo por aquí, no hay término medio. Los cines que no son horribles se encuentran, indefectiblemente, en los centros comerciales.



Hay un mall cada dos pasos en Hyderabad y son iguales o incluso mejores que los de España. Eso sí, mucho más pijos y exclusivos. La tienda más “cutre” que he visto en un centro comercial es un Mango, lo demás es de Tommy Hilfiger para arriba y siempre con varias joyerías y tiendas de lujo al lado.


Si uno no sabe si un edificio es un mall (que aquí a veceses difícil), solo tiene que fijarse en la puerta. Delante de la entrada de cada centro comercial hay un bonito arco detector de metales. Tras cruzarlo, un indio mal encarado (creo que lo piden en el perfil de segurata) te cachea someramente. La verdad es que desde que estoy en Hyderabad me han tocado más hombres que en toda mi vida.
Suelen tener, unos pasos más atrás, a una india mal encarada para cachear a las mujeres, claro. Sin embargo, a veces no se la encuentra por ningún lado y solo hay indio varón. No, no os asustéis, en este caso las mujeres pasan sin cacheo. ¡Qué brecha en la seguridad más clamorosa!


Una vez se pasa este trámite eres libre de entregarte al consumismo vil, sin embargo, debes tener algo muy presente… ¡conserva todos los tickets!
La primera vez que compré en el supermercado de un centro comercial me iba sin coger el recibo… En ese momento, la cajera (bastante mal encarada para ser cajera, pero no lo suficiente para “cacheadora”) me gritó con expresión de terror que cogiese el ticket. Así lo hice, claro, aunque no veía muy factible que viniese al devolver el 7UP porque no era mi talla… ¡qué paranoica!
Pero no es paranoia si de verdad te persiguen. Resulta que para salir del mall otro segurata distinto (mal encarado también, no obstante) puede pedirte que le enseñes los tickets de los artículos que llevas para ver que de verdad los has pagado. El tipo te los sella (o te los grapa) y ya eres libre para salir con tu lícito botín.
A la salida de los centros comerciales es donde están las taquillas de los cines. Tienes que comprar la entrada allí y coger un ascensor hasta la última planta, donde está el cine propiamente dicho.
Aquí hay una gran afición al cine, si bien lo que atrae a las masas es el cine en hindi de Bollywood y en telugu de Tollywood. Debajo del nombre de la película siempre  viene reseñado el idioma (incluido el “Hinglish”, es decir, el inglés como lo pronuncian aquí), subtítulos no hay, claro. Bueno, miento, a veces, las películas en inglés tienen subtítulos... ¡en inglés! Sí, absurdo.


Hay pocas películas en inglés y suelen ser solo las superproducciones de acción y ciencia ficción de Hollywood. Lo bueno es que las salas están mucho más vacías en las pelis americanas y es difícil quedarse sin entradas por mucha cola que veas.
En los cines indios hay dos tipos de entrada, ya se llamen Gold y Platinum o Executive y Businessman o cualquier otro nombre pijo y rimbombante, hay unas mejores (centraditas y tal) y las normales. Si no dices nada te dan directamente la normal que vale unos dos euros (las buenas valen menos de cuatro, tampoco es un lujo, vamos).
Ya me habían dicho que la seguridad del cine era más exhaustiva, pero cuando vi al mal encarado de turno ajustándose unos guantes de látex al verme, me pregunté: ¡¿Cómo de lejos llevan esto de la seguridad?!
Afortunadamente, lo único que te pedían es que enseñes el contenido de tus bolsillos, más que nada para que la gente no se ponga a grabar un screener, no porque teman un ataque de Pakistán durante la proyección de Harry Potter, perdón, Hari Puttar.


Una vez dentro puedes disfrutar de un cine de primera categoría. Tienes tus mostradores para comprar palomitas, bebidas, chuches… además de hamburguesas y otros snacks indios y fast food de la región. Te lo sirven en una bandejita especial para poder llevarlo todo con una sola mano sin peligro de derramamiento de soda, algo que yo echo en falta en España.
Los asientos son reclinables y súper cómodos y el espacio para los pies es muy grande. Las pantallas son buenas y desde que estoy aquí no ha habido problemas con los proyectores y proyeccionistas (lo digo, porque en Madrid es el pan nuestro de cada día).


¿Diferencias? Las hay.
La primera es la publicidad, claro, que se divide en anuncios en inglés de marcas internacionales, anuncios en hindi de marcas pijas indias y anuncios en telugu de negocios locales que son el equivalente Hyderabadi de los anuncios de Pescaderías Coruñesas y Salones Sol y Aire…  Eso sí, no hay Movierecord… ¡Sigh!
La segunda es que a mitad de la peli, se encienden las luces y se para la proyección para hacer un bonito intermedio de unos cinco minutos. El motivo es que las pelis indias duran tres horas. En las pelis de Hollywood queda un poco tonto, pero lo hacen igual. Eso sí, el proyeccionista de alguno de estos cines creo que es el mismo tío que pone la publicidad en Antena 3, porque no le importa dejar a Hugh Jackman o a Milla Jovovich con la palabra en la boca. Lo mejor es que memorices la frase que estaban diciendo porque no la van a repetir.
La tercera diferencia concierne al cine en tres dimensiones. Cuando compré mi entrada para mi primera peli en 3D descubrí que… ¡vale lo mismo que una para 2D! ¡Gente, en Europa nos están timando!
 Aquí, cuando estás ya sentadito en la sala viene otro tipo a repartir las gafas (por cierto, mejores ue las de España) pidiéndote otro euro y medio por ellas. Ya está, me dije, no podía ser tan bonito. Pero no, resulta que es solo una fianza y que a la salida tú les devuelves las gafas y ellos te dan tus 100 rupias.
He visto ya varías pelis en varios cines y me lo he pasado muy bien. Pero lo que más me ha gustado no ha sido la trama, ni los actores, ni las butacas… No. Lo que más me ha gustado ha sido… ¡el inglés! Dios, os aseguro que después de estar oyendo todo el día este “Hinglish”, escuchar a gente hablar inglés de verdad es una liberación. Casi lloro oyendo a tanto americano, australiano, británico… ¡Qué bonita es la lengua de Mark Twain cuando se pronuncian sus diptongos y sus doce vocales!
Pues nada, salí de mi primera peli en Hyderabad con lágrimas en los ojos y por primera vez, no era por causa de la polución ni del picante.
¡Silla!

miércoles, 26 de octubre de 2011

Hyderabadi Biryani

La comida de Hyderabad es otro de los temas que parece despertar mucha curiosidad y no es para menos. La comida india poco se parece a la que sirven en los restaurantes indios de España. Además, Hyderabad se encuentra en el estado de Andhra Pradesh, famoso por su fusión de estilos culinarios.
Lo primero es diferenciar lo que come la gente cada día de lo que se puede comer en los restaurantes. Como siempre, hay un abismo.
La dieta hyderabadi corriente es muy variada y compleja. A grandes rasgos, se compone de arroz, verduras, arroz con verduras, verduras con arroz y como no, el famoso biryani (a base de arroz con verduras).


Más de la mitad de la población es vegetariana, ya sea por motivos culturales, religiosos o porque no pueden permitirse comer carne y es mejor decir “soy vegetariano” que “no tengo una rupia”.
Los que comen carne se suelen limitar al pollo, que no es muy caro. Se pueden ver pollos y gallinas correteando por algunas calles y en los mercadillos te los venden vivos y te los sacrifican y despluman en un momento. Eso sí, no les pidas que te los corten, porque no se van a poner a separar las alas, las pechuga, etc., sino que le empezarán a pegar tajos al podre cadáver de Calimero como en La matanza de Texas, así, a lo loco.
También es más o menos asequible lo que llaman mutton, pero que los que hablan inglés no se lleven a engaño porque bajo este nombre lo que te venden es cabra, cabrito se supone.
Teóricamente, la carne más famosa de Hyderabad es el cordero (lamb, claro), pero encontrarlo de verdad es bastante difícil, parece relegado a las cocinas de los restaurantes de lujo.
En el único supermercado medio decente que hay por aquí (un Spar) compré una bandeja de carne troceada con la sugerente etiqueta de “Boneless Lamb”, cordero deshuesado. Lo compré enseguida, cómo no, pero una vez en casa el “Boneless Lamb” resultó ser cabrito con ternillas y más que cabrito, cabra y más que cabra… el macho adulto de la cabra… y posiblemente el tipo que puso la etiqueta también era de la misma especie.
Y eso el día que hay carne, porque puede pasar que vayas a la carnicería del Spar todo contento y te encuentres con un cartel que reza “Meatless Day”, vamos, que no venden carne.


Aquí en las fiestas de guardar a veces está prohibido manipular la carne de ninguna manera. Muchas otras fiestas también son “Dry Day”, que evidentemente no es que no haya humedad en el aire, sino que no se puede servir alcohol. Básicamente, aquí en las fiestas comen menos y no beben nada. Estuve tentado de explicarles a mis compañeros cómo son las fiestas en España, pero lo mismo me corren a boinazos por hereje.
Estas cosas, como ya he dicho, solo preocupan a un cuarenta por ciento de la población, el resto son ovo-lácteo-vegetarianos, o como se diga, vamos (dedicado a Miriam), que comen huevos y beben leche o vegetarianos ultras en plan veganos. 
Aquí todo se divide en “Veg” y “Non-Veg”: las cartas de los restaurantes, las colas para pedir en el Subway, hasta McDonalds tiene varias hamburguesas vegetarianas (de hecho, lo que no tiene es hamburguesa de ternera, claro).Yo he probado la Mc Spicy, hecha con paneer un queso insípido que rebozan y parece pollo empanado, está buena.


Supongo que de esta preponderancia de los vegetales nace el gusto por las especias y el picante. Aquí raro es el plato que no pica. En general las cosas no pican muchísimo, pero todo pica, el lema indio es “sin picor no hay sabor”. Creo que por eso acompañan todo con arroz blanco, para matar un poco el picante.
La mayoría de las cosas se pueden comer, pero de vez en cuando te encuentras un plato que te fastidia la cena, porque después de él no puedes comer nada picante, ya que te arde la boca, pero si comes algo no picante no te sabe a nada (tus papilas gustativas se han quemado, claro). El otro día me topé con uno de estos killjoy dishes y acabé cenando un banana split.
Todas estas delicias se pueden disfrutar en los restaurantes típicos de Hyderabad, los hotels (y sí, el nombre lleva a confusión, porque los hoteles también se llaman hotels). Suelen tener dos pisos: la planta baja para la plebe y la primera planta para los ricos, los pijos… y los extranjeros.
Esta separación a veces coincide con la división que existe aquí entre restaurant (suele ser el piso bajo) y family restaurant (el piso de arriba). La diferencia es que en el primero no se admiten menores ni mujeres (aunque sí perros) y en el segundo, pues sí. Como podéis deducir, es difícil ver a mujeres de clase humilde comiendo fuera de casa.
El menú de los hotels suele estar dividido en cocina del Norte de India, del Sur y comida china, que nada tiene que ver con la comida china de España, ni con la comida china de China.
En general todo está muy bueno y es bastante barato. Aquí puedes ponerte hasta las trancas en un restaurante bueno, por lo que en España te vale un menú del Burguer King. Si vas a los restaurantes baratos puedes comer muy bien por tres euros, pudiendo elegir entre un sinfín de paltos con nombres extraños (eso sí, todos son arroz con verduras).
De todos modos, normalmente yo cocino para mí mismo y aunque por lo general preparo cosas normales, estoy haciendo mis pinitos con la cocina india. Mi nuevo gurú en los fogones es el cocinero de www.vahrehvah.com. Si os gusta cooking with dog , este frikazo os va a encantar. Tiene un magnífico acento indio, pero os aseguro que viendo lo que hay aquí, este tipo debía ser el número uno de su clase de inglés.
Pues nada, os dejo con la receta del Hyderabadi biryani (si entendéis el inglés merece la pena verlo hasta el final, lo prometo), y yo me voy a cocinar, estoy cansado de tanto arroz con verduras, me voy a hacer un risotto.


¡Que aproveche!


sábado, 8 de octubre de 2011

Mi humilde hogar

Aunque yo no lo considero un tema muy interesante, mi casa y sobre todo, mi cuarto de baño han levantado una gran expectación y controversia. Es por eso que, en esta ocasión, Hyderabad Blues se convierte en ¿Quién vive ahí?, un repaso por una vivienda de clase media-alta en Banjara Hills.
Esta es la fachada de mi casa una especie de dúplex con seis habitaciones. Lo de la izquierda es el garaje, con capacidad para un coche o muchas motos y con un balón de fútbol pinchado que mis compañeros usan para entretenerse durante los apagones diarios.
Esto de aquí es un kolam. Cada mañana, la mujer que limpia dibuja uno nuevo delante de nuestra casa, supongo que esto es más importante que limpiar la cocina. Se trata de un dibujo de tiza de bienvenida que se traza frente a la puerta de entrada. Invoca la prosperidad, así como saluda y acoge a los invitados. Antiguamente se hacía con harina de arroz y era un buen augurio que los insectos comieran de él (sí, qué bonito).
Estas son mi ventana y mi terraza. No le cojáis mucho cariño al exuberante árbol que hay enfrente porque actualmente es historia. Esta semana, una cuadrilla de tipos ataviados con zorongos y turbantes y equipados con la más moderna tecnología de la edad de bronce (a saber, un hacha de los Clic de Playmobil y unas cuerdas que habían robado de las cuevas de Altamira), talaron al pobre arbolito con la excusa de que nos tapaba el sol. Sus restos siguen al lado de casa, desparramados por el suelo. Antes era un hogar para las aves, ahora me pregunto si no lo será para las ratas.
Por arte de magia ya estamos en el interior de mi terraza. Aquí me saco una cómoda silla y me pongo a leer A dance with dragons en mi e-reader cuando los apagones me impiden usar Internet. Al fondo se ve la cuerda de tender la ropa, pero echémosle un vistazo…
Sí, amigos, sí, India es el país de la tecnología, de la informática, del progreso… No es de extrañar por tanto que usen cables de red para hacer tendederos. Estoy tratando de conectar uno a mi portátil para que me avise cuando la ropa esté seca.
Nos movemos ya en el interior de mi cuarto. Estas son mis bonitas vistas del edificio de enfrente, en el que las cajeras del More (como el Día pero más cutre, sí, sí, hay cosas más cutres que el Día) descansan y se toman la merienda, siempre con especias, claro. Aquí siempre huele a especias, pero yo ya he dejado de percibirlo… menos mal.
Esta es mi cama. La cama es lo mejor de este lugar. Caben cuatro personas, es bajita, es muy dura y tiene una almohada de esas rectangulares, firmes y planas. Es muy cómoda y muy buena para la espalda. La colcha hortera viene de serie en India.

Estos son los aparatos de “refrigeración”. Esa cosa color bata de enfermera que parece atrezo del Star Trek original es el aire acondicionado. Menuda pinta, ¿eh? En la foto no se aprecia pero el filtro está hecho con chamizo, yo pensé que era una ñapa de esta gente, pero no, vienen así de fábrica, lo juro. Me gustaría poder contaros si funciona bien o no, pero nunca lo he usado ni lo pienso hacer. La otra foto corresponde a mi buen amigo el ventilador de techo, el que más hace en este lugar para que esté cómodo… ¿qué haría sin él?
¡Y por fin llegamos al baño!
Esto que veis en primer plano es la alfombrilla. Aquí tienen una enfrente de cada cuarto de baño porque como salen chorreando de agua la necesitan para que la casa no sea un barrizal. Esta la compré yo, porque la que me habían puesto era en realidad una toalla de mano mugrienta que actualmente está escondida en una especie de armario trastero que tengo, junto a otras mierdas indescriptibles.
La bañera es bastante grande y bastante chula. Tiene ducha también, gracias a Dios, ya que aquí no es tan normal que la ducha esté en la bañera, vamos, de hecho, aquí en los baños normales no hay bañera. Mi cuarto de baño es oriental-occidental, se supone que tiene lo mejor de los dos mundos… se supone.
Esta es la ducha que usan ellos y debajo está su lavabo con otro de los ubicuos cubos que tienen por aquí (creo que los cubos tienen un código de colores que indica su función, pero todavía lo estoy investigando). Es una ducha sobre el suelo, así, sin más, ya que aquí echan el agua sobre el propio suelo de baño.

Es por ello que en cada cuarto de baño hay un par de sumideros como estos que conectan con las cañerías de la casa. Al lado, desmontado, podéis ver el aparato que usan para arrastrar el agua al sumidero.
Y por fin llegamos al retrete. Sí, tranquilos tengo una taza de váter normal y corriente… bueno, casi.
En los baños orientales superchulos (como en los del aeropuerto de Dubai), al lado del váter hay una manguerita extensible que suple a nuestro papel higiénico, pero aquí solo tenemos… ¡El Cubito! Ese cubo aledaño con ese pequeño jarrito es lo que se debe usar para limpiarse tras usar el trono… je, je… no, yo no puedo hacerlo…
Vale, sí, aquí en India venden papel higiénico en cualquier lado y aunque está más caro que en España, su precio no es prohibitivo. Hasta ahí todo bien, hasta que te comentan que las cañerías de India son una mierda (nunca mejor dicho) y no pueden soportar el uso continuado de papel, toallitas, etc. Yo me resistía a creerlo, pero me lo ha corroborado todo el mundo y sin querer entrar en detalles escabrosos, la verdad es que viendo el funcionamiento de mi váter… pues sí, pues va a ser verdad.
Cómo he solucionado mis problemas de… “regularidad” es algo que queda entre el cubito y yo.
Y para no dejaros con este sabor de boca (¡uf, mala metáfora!) os voy a enseñar a otro de mis fieles compañeros.
Sí, amigos, esa cosa indescriptible es… ¡una lavadora! Cumple el dicho de "en casa del herrero cuchillo de palo", ya que un electrodoméstico que está hecho para limpiar tiene más mierda que el rabo de una becerra. Su aspecto cutre, no obstante enmascara un funcionamiento… ¡todavía más cutre!
El concepto de automatismo no ha sido bien entendido por los diseñadores de lavadoras indios. Cada siguiente paso en el programa requiere que un ser humano (es decir, yo) apriete un botoncito para poner la máquina en marcha. Si a eso le añadimos que hay que llenarla de agua a golpe de cubo, pues vamos, que es una delicia de actividad.
En resumen: La llenas de agua (5 minutos), pones el chisme a lavar (15 minutos), drenas (5 minutos), más agua (5 minutos), aclarar (15 minutos) y secar (5 minutos). Todo ello debe ser monitorizado desde cerca, de modo que, como la lavadora no está en mi cuarto, sino en el piso de arriba, yo me vuelvo a llevar mi e-reader y lavo mi ropa mientras leo como Tyrion le tira los tejos a una lavandera de Pentos… ¡Qué ironía!

domingo, 2 de octubre de 2011

Por las calles de esta ciudad

Hay tres cosas a las que nunca me acostumbraré de Hayderabad: La primera es el cuarto de baño. La segunda es que a las 19:00 es de noche. Y la tercera es… cruzar la calle.
Ya comenté la locura que era el tráfico aquí. Un montón de coches, montañas de rickshaws, toneladas de motos…  La mayoría de las calles principales no son calles, sino carreteras. De la Road 1 a la Road 12 van recorriendo la ciudad de manera extraña y errática.

Conducir en Hyderabad debe ser una aventura, pero ser un peatón es arriesgar la vida. Hay pasos de cebra, sí, pero son meramente ornamentales, creo que los indios piensan que solo sirven para que crucen las cebras y como aquí no hay… Hay algún semáforo de vez en cuando con su guardia de tráfico al lado para que lo respeten más o menos. Pero los semáforos no tienen nada que ver con los peatones, son solo para regular el tráfico rodado.
En algunos casos, paso de cebra y semáforo coinciden, con lo que podrían usarse para cruzar la carretera, sin embargo solo suelen coincidir hasta la mediana, para cruzar el otro sentido te tienes que jugar la vida de nuevo.
Los indios lo hacen. Con toda su flema se ponen a cruzar una carretera como el Paseo del Prado caminando entre los coches. Los coches NUNCA paran, eso no se concibe aquí. No paran y apenas aminoran, solo esquivan… y pitan. Los indios lo hacen, sí, pero lo hacen con cuidado y respeto, ni ellos pueden hacerlo sin poner los cinco sentidos cuando hablamos de Roads más allá de las 19:00.
Muchas veces uno tiene que esperar 15 o más minutos hasta que ve su oportunidad, el slot en el que puede trazar una ruta semisegura. Lo malo, claro, es que no hay vuelta atrás. Como mucho te puedes quedar parado rodeado de un tráfico incesante que te esquiva de mala gana mientras te pita.
Sí, vale, sí, me sé la teoría: Ir siempre a la misma velocidad, en una pequeña diagonal, no parar, no hacer movimientos bruscos… Todo muy bonito, pero hay que ser muy templado para ponerlo en práctica por la noche, en hora punta, con las largas deslumbrándote, los cláxones dejándote sordo y tu corazón latiendo a cien por hora.
Realmente, los indios conducen muy bien, (de hecho o conducen bien o mueren y eso es mucho mejor que las autoescuelas y el carnet por puntos) con lo que si eres lo suficientemente valiente y cruzas a las bravas, en teoría, aparte de acordarse de toda tu familia en telugu, no te va a pasar nada… pero hay que ser muy osado.
Yo por el día puedo cruzar las carreteras con tiempo y cierta locura fruto de la desesperación, pero por la noche soy incapaz.

Ayer  traté de ir a un cine donde se supone que ponen películas en ingles. Me bajé mi mapa de google maps con sus indicaciones, etc. Todo iba muy bien hasta que tuve que cruzar una calle tipo mini Times Square. Nada, imposible, hasta para los locales era difícil. Traté de subir calle arriba a ver si había algún semáforo, alguna zona más fácil, pero me cansé a los 20 minutos de recorrer la autopista. Tuve que volver a la confluencia de la Road 7 (donde yo vivo) y la Road 1 (la calle principal). Abortada la misión del cine, solo quería cruzar la calle para ir al centro comercial del Hard Rock Café y comprar tebeos, comer en el Kuentucky Fried Chicken y tomarme un helado.
Era imposible. Enfrente de mí, la gente pija llevaba sus bolsas de la compra, reían y paladeaban sus batidos take away, lo hacían a cámara lenta para fastidiarme más. En mi acera, solo estábamos los indios sin un duro y yo.  Tan cerca… y tan lejos. Un mundo de evasión consumista me esperaba a solo unos metros, sus cantos de sirena me impelían a embarcarme en una loca travesía a través del tráfico… pero mi instinto de supervivencia era más fuerte.
Una, dos, tres, creo que hasta cinco veces traté de cruzar por varios lugares diferentes, hasta que decidí andar otros 15 minutos a una zona donde cruzar no era una completa locura, solo media locura. Crucé, sí, con más miedo que vergüenza y preguntándome a mí mismo cómo lo había hecho. Llegué al mall superpijo, lleno de vacua felicidad, si bien es cierto que con mi taquicardia, mis nervios agarrados al estómago y la espada de Damocles que era saber que por muy safe y a gusto que estuviera allí… de un modo u otro, tenía que volver a cruzar la calle para ir a casa.
Como estoy escribiendo esto, podéis deducir que salí vivo de allí, pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento. Os dejo con un video que muestra cómo se cruza la calle aquí. Por supuesto no lo he grabado yo, apenas puedo cruzar como para ponerme a hacer cine de arte y ensayo. Lo que veis es la cruda realidad y como os he dicho, por la noche multiplicad eso por cinco. Muchos peatones bothan han muerto para conseguir esta información, valoradla.

P. S.: ¡Ve voy a jugar al Frogger!

martes, 27 de septiembre de 2011

Limpio de polvo y paja

Vivo en Banjara Hills, el barrio más caro de toda India, pero, claro… es India.
Desde luego, cuando mi jefe me dijo que era un sitio “posh” no me esperaba ver escombros por la calle, postes de teléfono derribados, suciedad a mansalva…
Eso sí, al lado de una casa que en España sería casi una chabola, hay un moderno edificio de acero y cristal; al lado de un solar lleno de basura, una mansión…



Yo vivo en una habitación inmensa, con un baño inmenso y tengo una terraza enorme y fresquita. Claro que aquí todo es viejo, cutre y parece sucio, la mayoría de las veces porque ESTÁ sucio.
¡Ah, la limpieza, espinoso asunto aquí! Permitidme que este post se lo dedique a mi hermana, de quien siempre me acuerdo al tratar este tema.
Cuando llegué a mi habitación el primer día, aquello estaba que daba miedo.  El caso es que llegué antes de tiempo (¿increíble, verdad?) y al llegar mi jefe me pidió perdón y me dijo que esa habitación hacía mucho que no se usaba (algo que me huele a mentira) y que ahora mismo mandaba a la señora de la limpieza.
Cuando volvimos, a las dos horas, Sharad, mi jefe, me dijo al ver el cuarto “limpio”:
-Bueno, esto es otra cosa, ¿eh?
Supongo que hay que darle una interpretación de corte filosófico, a lo Heráclito (“no puedes bañarte dos veces en el mismo río”) porque, bueno, quizás el polvo estaba distribuido de otra manera, pero…
-¡Excelente trabajo! – Respondí.
Lo dije sinceramente. Hay que ser todo un profesional para conseguir no hacer nada durante dos horas. ¡Algo haces, aunque sea por no aburrirte! Pero no, la buena señora está por encima de eso.
-Bueno, ahora a descansar – Me dijo Sharad mientras cerraba la puerta.
Ni que decir tiene que me pasé toda la tarde limpiando mi cuarto, con toallitas húmedas, que es lo único que tenía. Tampoco es que consiguiese mucho más que la india, pero me hice la ilusión de desinfectar un poco.
Todos los días la “limpiadora”... pues eso, “limpia” mi cuarto. Para los indios, limpiar es barrer el suelo con una escoba de paja de esas que usaba mi abuela en la Aldea. La india esta nunca lleva cogedor, así que no sé muy bien lo que hace con la porquería: la tira por el balcón, se la come… Y lo siento por los curiosos, no lo pienso averiguar.
¡Eso es limpiar! ¡Ya está! Nada de desinfectar, quitar las telarañas, pasar el plumero, limpiar los muebles o el baño. Creo que es más un ritual que una limpieza en serio.
Ya no es un problema de que sean pobres o cutres, no, es que tienen otra idea de la higiene y tampoco tienen muchos escrúpulos con la comida.
En el supermercado tienen autoservicio de fruta y verdura. Iluso de mi, me puse a buscar los guantes y las bolsitas de plástico… ¡JA, JA! Tiene unas cestitas roñosas, que una vez has rebuscado bien entre la verdura con las manazas (recordemos que los indios se limpian el buyamen con la mano), te sirven para que otra india, sin guantes, te los pese y les ponga una pegatina con su precio sobre la propia pieza de fruta o lo que sea.
Y os aseguro que hay que rebuscar mucho para encontrar un espécimen de vegetal que te quieras comer.
Cuando estaba en Madrid y limpiaba cada mes me sentía un guarro, ahora pensaré que soy neurótico hipocondriaco adicto a la limpieza… ¡Gracias India!